Abrir el conocimiento es de vida o muerte: la gran hackatón global

Coronavirus COVID19

La emergencia agudiza las necesidades, el ingenio y la solidaridad de las redes colaborativas. Desde hace cosa de un mes, los tutoriales para hacer alcohol en gel DIY vuelan por la red. Esta semana, 3D Printing Media Network dio a conocer la historia de los makers italianos que están salvando vidas imprimiendo válvulas para respiradores, contra viento, marea y patentes. Es uno de los primeros y más gráficos ejemplos de cómo la inteligencia colectiva y las herramientas digitales pueden ayudar en este escenario de emergencia, y también, de cómo los viejos esquemas resisten con una ceguera asombrosa al escenario actual. Las comunidades de ciencia abierta, hardware científico abierto, makers y conocimiento libre en general llevan décadas preparándose para esto: el momento en que puedan, de manera conectada y distribuida, afrontar con eficiencia desafíos reales. El tiempo es hoy. Abrir y compartir lo que se sabe jamás fue más urgente. 

La anécdota de Italia es simple: el hospital de Brescia, unos 100 kilómetros al este de Milán, está en el corazón de la pandemia. Pronto se quedó sin cantidad suficiente de las válvulas que se usan para los respiradores, instrumental crítico para salvar a las personas más afectadas por el coronavirus. El fabricante dijo que no podía proveer más en el corto plazo. El jueves 12 de marzo, la periodista Nunzia Vallin, editora del Giornale di Brescia, pensó que la impresión 3D podría ayudar, y contactó a Massimo Temporelli, fundador del FabLab de Milán. Temporelli lanzó el pedido de ayuda a la red de makers y fabricantes 3D de Lombardía, y en pocas horas recibió una respuesta positiva de Cristian Fracassi, fundador de la start up de impresión 3D Isinnova.  El viernes 13, Fracassi llevó una impresora 3D al hospital y llamó a la empresa que fabrica las válvulas fuera de stock para pedir que le facilitaran el modelo. Pero en la empresa se negaron, diciendo que la pieza estaba protegida por una patente y que copiarla era ilegal. Fracassi dijo a la prensa más tarde: “Sé que estoy infringiendo la ley, pero se trata de salvar vidas”.

Usando ingeniería reversa, copiaron la válvula. El sábado 14 la pieza fue testeada y se comprobó que funcionaba; esa misma noche, ya había 10 pacientes usando válvulas impresas en la máquina de X. El domingo, otra start up de impresión 3D se sumó; el costo de cada válvula impresa en 3D ronda un euro. Al jueves19 Italia llevaba 3500 personas muertas por coronavirus y más de 35000 infectadas.

Válvulas de respirador impresas en 3D

Por supuesto que ni la impresión 3D ni el voluntarismo resuelven las cuestiones de fondo. Los mismos Temporelli y Fracassi dijeron a la prensa que su intención no es competir con las válvulas industriales, que son mejores, más precisas e higiénicas. Esto es solo un manotazo ciudadano intentando salvar vidas en la pandemia. Pero si el instrumental sanitario estuviera libre de patentes, muchas otras empresas podrían producir la misma pieza con estándares tan buenos como los del fabricante original, e incluso mejores. En tiempos de emergencia sanitaria, debe primar el criterio de favorecer el bien común. En otras épocas -ojalá- también.

Hardware científico -y médico- abierto: la hackatón final 

La historia de Brescia circuló mucho, pero de ninguna manera es la única. Más bien se multiplican: en San Francisco, Gui Calvacanti, fundador de MegaBots, recibió un llamado de un médico que le preguntaba cuánto se tardaría en desarrollar una versión de código abierto de respiradores. El 11 de marzo publicó un llamamiento a las comunidades makers en Facebook, bajo el nombre de Open Source Ventilator; desde entonces, según reporta Forbes, se sumaron a colaborar “más de 300 médicxs, ingenierxs, diseñadorxs, enfermerxs y capitalistas de riesgo”.  También hay otras opciones para ayudar, más allá del respirador: “¿Podés hacer algoritmos que determinen si una persona precisa un respirador? ¿Podemos reciclar las máscaras n95, el tipo específico que se precisa? ¿Podemos hacerlas en casa? ¿Podemos hacer carpas para los médicos? Si sos médico, podés entrenar a otrras personas?” se pregunta en el sitio Hackaday, que convoca a “la hackatón médica final”.

Mientras tanto, Newspeak House (@nwspk), The London College of Political Technologists, publicó el 10 de marzo el manual técnico del Coronavirus o Coronavirus Tech Handbook, un repositorio abierto y colaborativo de iniciativas de código abierto para frenar o contener el avance del virus, que crece y se ramifica con cada contribución. Su misión es ”proveer infraestructura para especialistas en tecnología, organizaciones cívicas, instituciones públicas y privadas y especialistas de todo tipo para colaborar en una respuesta rápida y sofisticada al brote de coronavirus y sus impactos subsecuentes” y “evoluciona rápidamente, con miles de expertos como contribuyentes activos”. Allí se puede encontrar desde información para fabricar respiradores y otro instrumental, dispositivos y gráficas para registrar el avance del virus, manuales para cuidar a niñes y adultes mayores en la cuarentena,  guías de comunicación, tutoriales para educadores («Cómo cerrar una escuela», «Cómo dar un seminario en línea»), entre muchos otros recursos sumados por la comunidad. Las novedades se anuncian en el grupo de Facebook, que ya ronda los 3200 participantes.

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El momento de los laboratorios ciudadanos

En español también tenemos repositorios colaborativos, y aquí los laboratorios ciudadanos están tomando un rol de liderazgo. Zaragoza Activa, el laboratorio del gobierno de Zaragoza, lanzó hace una semana el sitio Frena la curva, presentado como “red ciudadana de autoayuda”. Allí, con un enfoque original menos técnico que el del Coronavirus Tech Handbook, se listan desde tutoriales para hacer barbijos para uso no sanitario (“mascarillas”, para personas que no trabajen en sanidad) hasta iniciativas de ayuda mutua entre vecines, ideas de cosas para hacer con niñes, guías para manejarse mejor en entornos digitales y teletrabajar, propuestas culturales como maratones de lectura compartida o recitales online. Está organizado por temas: educación, trabajo, cultura, conexión, cuidados, información, conexión… estas iniciativas se están replicando a toda velocidad por todo el mundo. 

Frena la curva

La ciencia abierta acelera los tiempos médicos

Ya los primeros días del año vimos cómo la ciencia abierta tomaba un rol preponderante en la lucha contra la pandemia. El 11 de enero, el gobierno y lxs investigadorxs de China liberaron las secuencias genéticas del COVID-19 para que cualquiera pudiera sumarse a investigar; cualquiera puede ver el genoma del coronavirus online. Un día más tarde, investigadores de otras partes del mundo ya tenían exámenes que permitían ligar al virus con otros ya conocidos, como el SARS y el MERS. Esto ayudó a desarrollar rápidamente los tests, para usarlos en aeropuertos. De esa forma se detectó el primer infectado fuera de China. En este hilo se detalla todo lo que la ciencia abierta hizo por frenar la pandemia en una semana crucial, del 11 al 18 de enero.

Desde ese momento, el poder compartir la información científica fue crucial. Incluso setenta organizaciones científicas, entre las que se incluyen revistas especializadas como Nature y Cell, están publicando en abierto los artículos sobre coronavirus, según reporta Agencia TSS. Una medida excepcional para tiempos excepcionales.

¿Y después? El conocimiento abierto como imperativo humanitario

Lo dicen todos los especialistas, se huele en el aire: no parece que nada vaya a volver a “la normalidad” pronto. Quizás, nunca. Al menos, no del mismo modo. Y probablemente esto no sea tan malo como parece. Tal como se decía en la revuelta de Chile, no queremos volver a la normalidad, si lo normal es cerrar el conocimiento y cobrarlo.

En todos los países se están tomando medidas de excepción, que, excepcionalmente, tienden al bien común. Hasta Estados Unidos estableció cobertura sanitaria universal. Los estados renacen como fuente de orden para tratar de garantizar, al menos, la seguridad física de la ciudadanía. Y en ese plan, el conocimiento abierto es fundamental. Tanto para luchar contra el virus como para compartir estrategias ante esta era de cambios. Es hora, entonces, de que el acceso abierto a las publicaciones científicas sea norma, de que las patentes de los medicamentos e instrumental caigan, de liberar el saber como se están liberando ya los peajes y los sitios de estacionamiento al personal sanitario. Lo dice, entre otres, la organización Creative Commons, en su artículo Now Is the Time for Open Access Policies – Here’s Why, poniendo el énfasis en que la carrera por encontrar una vacuna al coronavirus debe ser abierta y colaborativa para no perjudicar a quienes ya se encuentran en peores condiciones.

Este GIF educativo fue hecho por Dr. Siouxsie Wiles y liberado bajo la licencia CC BY-SA 4.0

La cultura no se queda atrás: en estos días vimos una avalancha de artistas, productoras, museos e instituciones que liberan en internet su producción, sean películas, obras de teatro, libros, colecciones de arte. Claro que también hay chirridos de marchas y contramarchas: es el caso, por ejemplo, de la película La Flor, de Pampero Cine, que duró 24 horas en YouTube hasta que quienes habían comprado los derechos de distribución para Europa patalearon. Como la empresa dueña de la patente de las válvulas de los respiradores. El viejo orden se resiste a terminar. Pero el conocimiento abierto ya es una necesidad urgente.

Cómo resolvamos esta emergencia va a moldear el paradigma que organizará los próximos años, en términos de derechos y obligaciones, salud, vivienda, alimentación, trabajo, educación, vínculos afectivos y relaciones políticas: la vida. Es un momento clave para las iniciativas colaborativas y ciudadanas, pero también para refundar el rol de los estados, centrado en proteger y promover lo común. Muchos de los acuerdos que nos damos en forma de leyes deben adaptarse para proteger a quienes más lo necesiten y garantizar el acceso a la información como un derecho humano. A las ciudadanías nos toca unirnos para acompañar, exigir y garantizar ese rumbo, con responsabilidad y también con alegría.

Yapa: integrantes del Gathering of Open Science Hardware (GOSH) explican por qué es importante que el instrumental científico sea de código abierto, como un bien común (incluso antes y después de la pandemia).

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