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4. Abril: Hacia el mainstream: llegó el BID a la economía colaborativa

En un año en que la pelea entre modelos nuevos y marcos regulatorios anteriores se recalentó en todo el mundo, los desafíos de la economía colaborativa empezaron a ser pensados por las instituciones económicas tradicionales. En abril, el FOMIN, Fondo Mutilateral de Inversiones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), publicó el informe  Economía colaborativa en América latina, realizado por el Instituto de Empresa Business School de Madrid con el apoyo del Fondo General de Cooperación de España.

Se trata de un trabajo cuantitativo sobre datos de campo provistos por seis periodistas locales especializados en economía y tecnología, que se dividieron la región de este modo: México; Brasil; Argentina, Paraguay y Uruguay; Colombia, Venezuela y Ecuador; Chile, Bolivia y Perú; Centroamérica y Caribe. Lo sigue una serie de artículos de análisis cualitativo.

Desde el principio se dice que la economía colaborativa “tiene fuertes bases tecnológicas (vive en internet y el móvil), pero también sociales y comunitarias”. Contando por número de iniciativas, se determina que es Brasil el país que lidera la economía colaborativa en la región con el 30% de las relevadas, donde la mayor parte corresponde a emprendimientos de alquiler. En segundo lugar se considera a México y en tercero Argentina, algo muy coherente con las cantidades de población de cada país.

Si bien el enfoque puede resultar un poco limitado -en el sentido de que el relevamiento solo toma en cuenta emprendimientos de actividad económica, y no es exhaustivo-, es relevante que instituciones como el BID empiecen a prestar atención a modelos económicos (aunque sea un poco) alternativos. Esto tuvo mucha repercusión en los medios de toda la región, y también consecuencias más tangibles. En junio pasado, una delegación del FOMIN, encabezada por César Buenadicha Sánchez, presentó el informe en Buenos Aires junto a varios funcionarios, como Mariano Mayer, secretario de Emprendedores y Pymes de la Nación, y Silvia Torres Carbonell, subsecretaria de Industrias Creativas de la Ciudad de Buenos Aires. Los acompañaron Albert Cañigueral, conector de OuiShare para América latina y colaborador especial del informe, y una treintena de invitados del ámbito colaborativo local, que plantearon preguntas y voluntad de trabajar en un agenda abierta y participativa.

El trabajo del FOMIN en Argentina continúa: hace una semana se publicó una búsqueda para seleccionar un “Coordinador de Proyecto para el Programa de Ciudades de CIPPEC”, que liderará el proyecto “Desarrollo de la economía colaborativa en ciudades como instrumento para promover la inclusión social, el emprendimiento y la innovación”. El tiempo estipulado para la tarea es de 48 meses, y se menciona al ministerio de Producción como otro de los socios. Entre los objetivos específicos se menciona: “Identificación, en alianza con gobiernos locales, de retos en las ciudades que puedan beneficiarse de la implementación de modelos de Economía Colaborativa”; “Apoyo a emprendedores, en particular locales, para la aceleración de plataformas de EC vinculadas con los retos de cada ciudad”, “Generación de información y estudios clave que muestren el impacto de los modelos sobre la mejora en la calidad de vida de las ciudades” y “Apoyo a entidades públicas en el desarrollo de marcos regulatorios, protección al consumidor y formación en economía colaborativa”.

Como propósito es alentador. Ojalá el proyecto ayude a desarrollar ciudades más colaborativas, inclusivas, abiertas, sustentables, participativas y orientadas al bien común.

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