Christian Felber y la EBC en la Argentina

El profesor austríaco Christian Felber presentó la Economía del Bien Común en la UBA

El profesor Felber se levantó, salió de atrás del estrado y se paró sobre sus manos frente al público sentado en el auditorio de la Facultad de Ciencias Económicas. Se mantuvo unos segundos en equilibrio, los pies en alto, el torso rígido. Después bajó, se sacudió el polvo de las manos, se sentó otra vez y tomó el micrófono. “Así está la economía: al revés. Se confunde hacer dinero, que es un medio para conseguir otros fines, con un fin”.

Fue durante la conferencia inaugural del primer seminario Bienes comunes y bien común, que reunió en Buenos Aires durante tres días a especialistas de Argentina, Uruguay, Chile, Perú, Brasil (¡y Austria!) para discutir un cambio de paradigma en la relación entre economía, mercado, sociedad y democracia. Fue organizado por el Programa Internacional sobre Democracia, Sociedad y Nuevas Economías (Pidesone) de la Universidad de Buenos Aires, liderado por los profesores Cristina Calvo y Enrique Del Percio.

La estrella del encuentro fue Christian Felber (41), un periodista, activista, escritor y docente austríaco al frente de la corriente de Economía del Bien Común, que sostiene básicamente que la economía actual no persigue valores humanos y es, por lo tanto, inconstitucional en la mayor parte de los países. Propone una economía que pase del afán de lucro y el estímulo de la competencia a la búsqueda de la felicidad de las personas a través de la cooperación. Además, Felber es fundador y vocero de la rama austríaca de Attac, y como le sobra tiempo, es bailarín, lo que explica su agilidad para sorprender al público académico.

De los medios a los fines

Felber arrancó su conferencia provocando: “Un clima estable y un sistema económico estable son bienes comunes”. Enseguida, abrió el paraguas a su rol: “Es mi primera vez en América latina y no vengo a imponer nada, bastantes males trajimos desde Europa en los últimos 500 años”. Sostuvo, por el contrario, que lo inspiran los modelos económicos y de gobierno de Bolivia y Ecuador, basados en las reglas de las sociedades precolombinas, e invocó los saberes integrales de la Pachamama, por oposición a la segmentación profunda del conocimiento que existe en las universidades. “La Economía del Bien Común reanuda una tradición de siglos. Yo quería estudiar ciencias universales, pero encontré que no había tal carrera. En lugar de universidades, deberían llamarse multiversidades o perversidades, porque compartimentan el saber en vez de ponerlo en común”.

Felber expuso brevemente su idea de la Economía del Bien Común, que parte de una crítica profunda al estado de cosas del capitalismo actual. “En la economía estamos confundiendo objetivos y medios”, aseguró. “Si preguntamos en cualquier escuela de economía de cualquier lugar del mundo cuál es el objetivo de cualquier empresa, se contestará: ganar dinero. Pero, ¿por qué? ¿Dónde está dicho eso? En casi todas las constituciones del mundo se consagra como objetivo de las sociedades el bien común, el bienestar general o la justicia. El afán de lucro y la competencia no están legitimados como objetivos en ninguna constitución; el dinero es un modo de alcanzar otros objetivos. Pero hoy el dinero se ha convertido en un fin, y se aleja de los valores de las sociedades”.

Sin achicarse, Felber se metió a cuestionar al padre de la economía. “El sueño de Adam Smith, la mano invisible del mercado, simplemente no existe, pero nos gustaría que existiera”, aseguró. Su punto es que el libre mercado no se autorregula ni derrama beneficios: la acumulación sin límites solo lleva a mayor acumulación y desigualdad. Y discutió la idea clásica de que el egoísmo y la competencia sean características innatas del ser humano. “No tenemos ninguna imagen científica del ser humano capitalista, son meras afirmaciones sin base empírica. Aquellos datos de que disponemos afirman lo contrario, las neuronas espejo muestran que somos empáticos y tenemos una sensación de justicia innata. Los neurobiólogos están de acuerdo en que el cerebro está hecho para la cooperación. La teoría de la motivación muestra en un 90% que la cooperación nos motiva más que la competencia; y se ha comprobado que niños menores de dos años tienen el instinto de ayudar a quien lo necesita. Hasta en la guerra, los soldados enemigos se ofrecen cigarrillos”.

Valores

“Hay una contradicción ética entre los valores económicos y los que contribuyen al florecimiento de las relaciones personales”, aseguró. Para demostrarlo, preguntó a la audiencia qué valores hacen florecer las relaciones personales y contribuyen a la felicidad. Se escucharon las palabras solidaridad, empatía, colaboración, honestidad, confianza, atención, cuidado, respeto, igualdad, humanismo, justicia, amor. “¿Cuáles de esos son valores para la economía actual?” Silencio en la sala. “¿Cuáles son los valores de la economía internacional?” Se escuchó competencia, egoísmo, ambición, codicia, plusvalía, lucro, acumulación, explotación, desigualdad. “¿Y cuántos pecados capitales hay en esa lista?”

Felber sostuvo que esta contradicción entre los valores del sistema económico en que vivimos y los valores que nos hacen felices como seres sociales es la que lleva a las sociedades a crisis profundas, donde nadie sabe cómo se cayó ni por qué se está en una situación tan absurda. Citó como ejemplo la crisis de la burbuja inmobiliaria de España, que llevó a desalojar a cientos de personas de sus hogares para sostener a los bancos. No por casualidad, la Economía del Bien Común surgió como corriente de pensamiento en 2010, hija de la profunda crisis que sacude Europa desde 2008, que lleva a un gigantesco reacomodamiento del tejido social.

La Economía del Bien Común, entonces, se propone como alternativa para recuperar el concepto humano de actividad económica, como un medio para conseguir aquello que nos hará felices: alimento, reparo y abrigo, pero también amistad, amor, valoración, estímulo, diversión, sexo, desarrollo personal. Felber la presenta como “un modelo que supera la dicotomía entre capitalismo y comunismo para maximizar el bienestar de nuestra sociedad”.

Un índice alternativo

En la conferencia criticó el uso del índice de Producto Bruto Interno (PBI) como vara del desempeño de las naciones. “Al PBI le da igual si un país gasta porque sus habitantes se hacen regalos o porque están enfermos, si está en guerra o en paz. Medir la economía según el PBI es un error de método, porque no mide el éxito sino la acumulación de los medios”, afirmó. Presentó entonces uno de los aportes prácticos de la Economía del Bien Común: el Balance del Bien Común, un instrumento que se propone medir el grado de bienestar social en las organizaciones. Los criterios a evaluar en lugar de la rentabilidad son la dignidad humana, la solidaridad, la justicia social, la sostenibilidad ecológica y la participación democrática y transparencia. La idea es que las empresas puedan sumarse de manera voluntaria a este tipo de evaluación alternativa, que idealmente será auditada por otras empresas. Una de las demandas de la Economía del Bien Común es volver este balance vinculante.

“Cada sociedad debe definir qué valores son importantes para sus miembros”, aseguró Felber. “La idea no es venir a imponer cuáles tienen que ser esos valores. La propuesta es que nos reunamos y compongamos nuestros propios índices de calidad de vida o bien común, en cada comunidad”.

Propuestas

En el último tramo de la conferencia, Felber desarrolló los puntos principales de la propuesta de la Economía del Bien Común. “Si una empresa grande, que ofrece malas condiciones de trabajo, ahoga comercialmente a una empresa chica que trata mejor a sus empleados hasta absorberla, el mercado la premia. Hoy se premia a las empresas menos éticas, y eso es perverso”, postuló. En línea con esto, desarrolló algunas propuestas para beneficiar y recompensar desde el marco regulatorio a las empresas que se comporten de manera ética y colaboren con el bien común. Son medidas que, a la luz de la “normalidad” del capitalismo actual, suenan poco verosímiles, como la limitación de la propiedad privada o de la desigualdad entre salarios. Pero la verosimilitud es solo cuestión de convencer al auditorio de las posibilidades de que ocurra lo diferente.

-Impedir las inversiones puramente financieras.

-Impedir el canibalismo de empresas (compra de empresas chicas por sus competidoras más grandes).

-Impedir las donaciones a partidos políticos (para evitar, en términos de Felber, que un empresario rico “decida comprar un bloque de diputados”).

-Impedir el reparto de dividendos de una empresa a personas que no trabajan en ella.

(Atención que se pone bueno)

-Limitar la propiedad privada a un máximo de patrimonio acumulable de 10 millones de euros, y de 500.000 euros para las herencias. El excedente iría a una “dote social”.

-Limitar la desigualdad de los salarios para igual horario de trabajo. A través de un juego con el público, Felber demuestra que es sencillo averiguar cuál es factor de multiplicación que la mayor parte de una sociedad aceptará para la diferencia entre el salario mínimo y el máximo. Suena impracticable, pero según relató Felber, en Suiza hubo recientemente un plebiscito consultando a la población si el factor 12 les parecía correcto. La respuesta fue negativa, pero la idea de una limitación de la desigualdad ya está instalada. “Quizás el factor correcto para los suizos sea 15, o 20, o 25; lo cierto es que ya aceptaron la idea”, reforzó Felber. Y aseguró: “El estado de las cosas, donde a igual horario de trabajo hay desigualdades de sueldo de factor mil y más, es anticonstitucional”.

Es muy fácil pensar en objeciones obvias a las medidas propuestas por Felber. En cambio, pensar en cómo refutar esas objeciones para facilitar el cambio de paradigma es complejo. Felber lo intenta. Desde la Economía del Bien Común, organiza grupos de empresas pioneras que incorporan el Balance del Bien Común a su operatoria, y extiende su ideario a través de redes regionales y locales distribuidas, a los que llama Campos de energía. En Argentina hay dos, uno en Buenos Aires y otro en Bariloche, y un tercero en ciernes en Santa Fe. Según anunció Felber durante la conferencia, ya habría dos empresas medianas -“una privada y una pública”- a punto de comprometerse a implementar el Balance del Bien Común y trabajar como pioneras.

A mover

A la hora de las preguntas, Felber identificó como primer obstáculo a la concreción del ideario de la Economía del Bien Común “la imagen del ser humano que tenemos hoy, el paradigma de pensar por naturaleza somos competitivos, egoístas, no empáticos”. En segundo lugar situó los “valores externos, heterónomos, extrínsecos, como bienes materiales, dinero, poder”. Y como tercer obstáculo señaló los intereses de los poderosos. “No hay quien coopere de forma más eficaz que los ricos, que las élites financieras. El capital se está organizando de modo transnacional, es más fuerte que los estados nacionales, los está usando; las transnacionales lo han conseguido todo, hasta un tribunal internacional”, aseguró. Dio como ejemplo el caso de la demanda que Philip Morris, la tabacalera más grande del mundo, puso a Uruguay por haber sancionado una ley antitabaco. “Lograron que un tribunal internacional formado para el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI), del Banco Mundial avale que Uruguay, un país pequeño, debe indemnizarlos con dos mil millones de dólares por hacerlos perder mercado”.

“Si no estamos dispuestos a invertir mucha en energía en estas visiones, se hace muy fácil a los poderosos continuar”, cerró Felber. “Falta voluntad y energía. Las ideas nos gustan rápidamente, pero luego no movemos el culo, por decirlo así”.

Yapa: Los veinte puntos centrales de la Economía del Bien Común, que resumen el libro Economía del Bien Común (2012).

Yapa 2: Entrevista a Christian Felber en El Diario de España, 23/11/2013.

Yapa 3: Felber explica la Economía del Bien Común en TEDxMurcia, 7/03/2013

La foto del profesor Felber es cortesía de Carla Tudanca.
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