La ciudad de las duchas invisibles

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Dos compañeros de trabajo me contaron esta semana que en sus edificios –uno en Palermo, otra en Villa Crespo– cortaron el gas, y seguirá cortado hasta que arreglen los caños. Todos los vecinos están molestos: cuesta acostumbrarse a salir de casa sin una ducha caliente, a desayunar afuera o cocinar al microondas. Y en cualquier momento, cuando vuelva el frío, van a extrañar la calefacción.

El trabajo de reemplazar las funciones de calefones, termotanques, cocinas y estufas altera las rutinas y complica el humor. Les pregunto cómo hacen para bañarse. Él, que vive en Palermo, va a casa de su hija, a diez cuadras; ella viaja desde Velazco y Malabia a lo de su novio, en el Barrio Chino.

¿Cuántas duchas y calefones en perfecto estado hay por cuadra en los barrios céntricos, usados apenas unos minutos por día? Están invisibilizados como posibilidad: lo que es propiedad de otro no se cuenta. ¿Para cuándo una red de préstamo de duchas para emergencias que funcione por proximidad?

Irónicamente, el corte de gas –como cualquier desgracia– acerca a los vecinos y genera interacción. Quizás estimule futuros intercambios.

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